domingo, febrero 04, 2007

Último día de vacaciones y temporal cordobés

Otra vez en casa sana y salva. Disfrutando del placer de no hacer nada del último día de vacaciones y descansando del viaje serrano.
Y efectivamente, Córdoba me esperó
con sus lluvias torrenciales y sus mismas prohibiciones de fumar.
En el viaje de ida, me tocó una compañera de asiento muy especial. Cordobesa y poco favorecida por la naturaleza pero hiper conversadora así que no me quedó más opción que escuchar el relato de su vida completa hasta que se durmió. Y garantizo que la señora hizo lo posible y lo imposible para enterarse de la historia de mi vida a su vez, aunque admito que no tuvo éxito. Lo dramático del caso es que cuando se durmió no se le ocurrió mejor idea que clavar con todas las fuerzas su codo en mis costillas. ¡Ay Señor! Después, afortunadamente, cambió de posición y ya directamente clavó su codo en mi hombro. La señora ni enterada de la situación. Eso sí, muy atenta a todos los detalles dispuso cómo sería nuestra llegada, a qué hora tomaríamos el café de la mañana al llegar y en qué banco nos sentaríamos a fumar el primer cigarrillo al bajar del ómnibus. Trabajadora de Defensa Civil se preocupaba por el bienestar del prójimo. Me dejó su número telefónico porque estaba segurísima de que yo lo iba a necesitar ¿?
Finalmente, llego a destino y me encuentro con la mayoría de los negocios de la zona, que no son demasiados, cerrados por vacaciones. En fin... a luchar para encontrar otros.
Todas las mañanas me despertaba al alba gracias al kikiriquikiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii de los gallos y al vecino de la casa de al lado. Parece ser un señor muy pulcro, limpio y ordenado así que se levanta entre las 3:30 y las 4 a.m. para baldear, lavar el frente de su casa y cortar la ligustrina mientras pone cumbias a todo volumen. ¡Tranquila la zona!
Tomaba mate (sin peperina porque no encontré) rodeada por el perro, las cinco gatas, los pollos, gallos, gallinas, colibríes, moscas y avispas. Al aire libre, birome y papel en mano y escribía. Por suerte, sí pude dedicar mis días a la escritura. A pesar de que del otro lado del terreno, un carpintero serruchaba madera de sol a sol. Esto de sol a sol es metafórico porque mejor ni hablar de las lluvias. Menos mal que lo bueno que tiene Córdoba es que llueve cinco minutos y sale el sol. Despeja rápido y eso ayuda.
Me atacó una contractura cervical fuertísima así que, para contribuir con el Diclofenac a que se me pasara, decidí lanzarme a caminar como 50.000 cuadras hasta llegar a Villa Allende. ¡Ahí sí que lo pasé hermoso! Un día espectacular, un paseo espectacular, una noche espectacular: fresca e iluminada por la brillante luna llena. Todo paz. Es linda ciudad Villa Allende, cada vez que voy me gusta más. Por el camino, tanto de ida como de vuelta, me fui cruzando con varios vecinos de los alrededores que ya me conocen así que me detuve a conversar con cada uno de ellos y enseguida me puse al tanto de las novedades barriales. Además, conseguí los quesos de cabra que buscaba para traer.
Pero, un acontecimiento digno de mencionar fue el cafecito compartido con
La Mitómana. Mitómana, habiendo hecho un hueco en su falta de tiempo laboral y Rosa Roja con tiempo libre en vacaciones, tomando un café sentadas en una mesita de las de afuera, obviamente, para poder fumar. Lo gracioso fue que al llegar al lugar Rosa Roja, que llevaba una blusita con rosas rojas para poder ser distinguida sin inconvenientes, buscaba a la mitómana que había creado en su imaginación - es decir a la abuelita de la mitómana - entonces, se dirige inmediatamente a una señora bastante mayor sentada sola en una mesa con un bastón a su lado y le pregunta si ella es la ella que ella suponía que era. La señora le dirige una mirada de muy pocos amigos y Rosa Roja se retira, tímidamente, al comprobar que había incursionado en un error. Afortunadamente, en el segundo intento de localización de personas da con la indicada. Y allí sí, pasan un gratísimo momento disfrutando de la paz, del aire libre y del café con cigarrillos. Mitómana y Rosa Roja hablan sin pausa y los mozos del lugar sobreviven al encuentro bloguero, lo cual nos indica que se trataba de hombres benévolos.
Ayer sábado por la mañana, muy lamentablemente, la paz se terminó cuando se desató el temporal en la ciudad y sus alrededores. Lluvia torrencial, rayos fulminantes, un adolescente muerto, celulares quemados, autos y negocios arrasados. Con semejante vendaval parecía que estaba en el fin del mundo. Aterrada y en shock frente a la tempestad desatada (nunca antes ningún temporal me había producido tanto miedo), me aferré a una cama de madera hasta que amainó, desconecté y apagué teléfonos y recé para que ese aluvión se detuviera. Se cortó la luz en la zona, se inundaron las calles pero logré abandonar el lugar y llegar a mi destino sana, salva y rozagante como una rosa roja, aunque pasada por agua y agotada de cansancio. Pero, feliz.

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8 Comentarios:

Blogger Charruita dijo...

Hermoso relato de viaje.
Pude en cierta manera andar por esos lares...

4 de febrero de 2007, 23:52  
Anonymous La Rosa Roja dijo...

Charruita ¡Gracias! Me alegra que te haya gustado el relato. Tuvo sus partes lindas y sus partes feas (con la tormenta eléctrica del último día) pero lo paso bien porque descanso la mente, disfruto de las montañas y escribo!!!!

5 de febrero de 2007, 19:59  
Anonymous marta drooker dijo...

Y bueno. quéselevasé! Te tocó venir a Córdoba con la peor tormenta de los últimos tiempos! Miralo desde este punto de vista. Fuiste testigo privilegiado de las primeras consecuencias del cambio climático. Además, de esta manera, volver al trabajo te debe haber resultado un remanso después de semejante tempestad..jajaja! Un abrazo!

6 de febrero de 2007, 17:08  
Anonymous La Rosa Roja dijo...

Marta Eso mismo me dijeron los vecinos de la zona, hasta el remisero que tanto me costó conseguir: que había sido la peor tormenta de los últimos tiempos o que hacía mucho tiempo que no presenciaba algo así. ¡Justo a mí me tenía que tocar ser testigo! ¡Ay Señor! Me consuelo porque tengo otra semana más aún pendiente de vacaciones que si no....
La verdad es que volver a trabajar me costó pero si lo comparo con la tempestad no hay dudas!
Un abrazo!

7 de febrero de 2007, 22:22  
Blogger MARIA DEL NORTE dijo...

Rose Rouge!
De vacacionaes por Cordoba! Que lindo!
La personaje que te tocó como compañera de viaje, muy pintoresca :)
Te desenchufaste bastante seguro, a pesar de la tormenta increíble...
y se conocieron con Martita Drooker !! Que momento ! y van a dar, alguna de ustedes, mas detalles de ese encuentro ?

11 de febrero de 2007, 20:19  
Anonymous Davichof dijo...

Jajajaja, buen relato. ¡Y te encontraste con nuestra querida Mitómana!.:). Me gustaría ir a mi también por allí, pero quiero hacer tantas cosas...Un abrazote.

17 de febrero de 2007, 03:29  
Anonymous La Rosa Roja dijo...

María A mí me gusta. Quizás me reitero pero cada año que voy a Córdoba lo paso bien, me relaja mucho, me hace bien la montaña, muy bien su aire, su paisaje, sus calles, sus montañas.
Mi "compañera de asiento" muy pintoresca pero a pesar de todo no niego que el día de la tormenta eléctrica casi la llamo para que me ayude a salir de su provincia, jeje.
Y síiiiiiiii, nos conocimos con Martita Drooker, sí. ¡Todo bárbaro en serio! Es una mujer que tiene una gran inteligencia y de eso te das cuenta en apenas pocos minutos. No se qué contar! Apenas tomamos un café y hablamos sin parar! Valió la pena conocerla!! Besos.

17 de febrero de 2007, 20:51  
Anonymous La Rosa Roja dijo...

Davichof Efectivamente, tuve la suerte de compartir un café con la mitómana que me explicó que es mitómana también en la vida diaria así que parece que lo es en serio, jaja. Fue lindo conocerla, claro. Y también sería lindo conocerte. A ver si venís un día cercano. Dentro de todo lo que te gustaría hacer, agendanos!!!!! Abrazos.

17 de febrero de 2007, 20:55  

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