domingo, julio 30, 2006

Asombros (primera parte)

Es muy trillada la frase que dice que la vida es asombrosa. La escuchamos, de vez en cuando, y no nos produce nada. Es sólo cuando algo nos asombra verdaderamente que se nos hace más tangible.Esta semana me sucedieron dos cosas asombrosas: una buena y una mala. Como solía hacer cuando tenía que tomar algún medicamento de chica, primero tomaba el más amargo y detrás el más rico (si se puede calificar así a un medicamento) para que me quitara el mal sabor del feo. Acá es algo similar y prefiero hablar primero de lo feo y después de lo agradable para ver si se me quita el mal sabor.

Lo malo: El viernes mi jefe me llamó a su oficina para hablar. Me senté a escucharlo y ver qué era lo que tenía para decirme y cuando habló me quedé muda. Jamás hubiera esperado escuchar de él todo lo que me dijo. Por supuesto, lo hizo dando muchas vueltas, mucho preámbulo, le costó decirlo pero al fin las malditas palabras salieron de su boca. Me dejó anonadada. Si bien yo no sabía de qué quería hablarme, nunca se me hubiera ocurrido que iba a decirme las barbaridades que me dijo. Lo escuché estoicamente, con la mejor cara que pude poner, y encima le agradecí que me lo hubiera dicho porque si era cómo el decía (que estoy segurísima que no es así) y yo no me daba cuenta, era bueno que alguien me lo señalara. Todo lo que me dijo acerca de mi persona no es verdad, es su imaginación, la locura que tiene en su cabeza la que lo hace pensar determinadas cosas. Cuando mi jefe piensa algo es peligroso porque es muy rebuscado y porque después nadie le quita de la cabeza que lo que él se está figurando es la realidad, aunque no lo sea. Fue duro tener que escucharlo y no poder insultarlo, no poder gritarle lo equivocado que estaba, lo bestia que estaba siendo. Una situación muy pero muy dura. El único acuse de recibo que mostró fue cuando me dijo "se que lo que te estoy diciendo es muy fuerte". ¡Menos mal que se dio cuenta el muy imbécil! Más que fuerte, fue desubicado, completamente fuera de lugar, totalmente falso lo que pensaba y piensa. Me sentí una imbécil yo, ahí sentada frente a él escuchando tanta cantidad de palabras juntas que no merecía que me dijese y ahí callada, muda, sólo oyéndolo sin poder defenderme, sin poder contestarle. Fue muy ofensivo. Hubiese sido ofensivo para cualquiera, tanto para un hombre como para una mujer. Lo que dijo fue algo que jamás en la vida se me ocurriría a mi llegar a decirle a alguien. Por más que fuera cierto, en este caso mío no lo es, pero aunque lo fuera yo no me metería a hablarlo. Menos a alguien que trabaja todos los días conmigo. Me sentí impotente frente a él, me sentí ofendida, más que ofendida, humillada. Humillarme fue lo que hizo. Y como si eso fuera poco, utilizó la artimaña de meter a otra persona en el medio. En lugar de decirme: "mirá, yo pienso que... a mí me parece que...", se valió del recurso de un tercero: "mirá, yo te digo todo esto porque D. lo piensa también y le molesta tanto como a mí o más". D. es una de mis compañeras de trabajo, la más cercana, almorzamos juntas, compartimos mucho por día, hablamos mucho. A D. la aprecio mucho, es muy buena persona, con montones de defectos y virutdes pero muy buena persona. Me cayó como un balde de agua helada. ¿Por qué no me lo dijo ella directamente? ¿Por qué tuvo que venir a hablarme él de algo que le molesta a ella? Después que terminamos de hablar me sentí tan pero tan mal que lo conversé con D. Lo hablé con ella y le conté a calzón quitado lo que me sucedió y lo que él me dijo. D. también se puso mal, se sintió incómoda por la situación y me aseguró mil veces que ella jamás dijo nada al respecto, que a ella no le molesta nada de todo lo que él me dijo. Y, curiosamente, a D. sí le creo. Se que no me está mintiendo. Entonces yo me pregunto: ¿cómo puede un hombre -mi jefe- hablarle así a una persona? ¿cómo puede ser alguien capaz de ofender gratuitamente y humillar sin inmutarse siquiera? ¿cómo puede meter a otro en el medio e intentar hacerme creer que el tercero dijo tal o cual cosa cuando eso es mentira y el que lo piensa es sólo él? ¿cómo pueden existir personas a las que no les importa en lo más mínimo si hieren a otra, si hacen daño con sus palabras y ni siquiera darse cuenta de lo que hacen? Fue un episodio amargo, muy feo, o será que no me había pasado antes, nadie me dijo jamás lo que este tipo me dijo. Y admito que salí shockeada de la oficina, admito que me dolió, admito que se me cayeron las lágrimas. Admito que me hizo daño impunemente con la fuerza que le otorga el poder que ejerce. Y eso me pareció triste, muy triste de su parte. ¿Con qué fin herir gratuitamente? ¿cómo puede un hombre carecer de un mínimo de vergüenza a sabiendas de que lo que está haciendo no se hace?

Lo bueno: Atanasio el jueves en el café. A ver si con algo positivo se me pasa un poco la indignación de lo negativo. El jueves estaba por la tarde en el bar tomando algo cuando, un rato más tarde, llegó Atanasio y se sentó conmigo. Como de costumbre, como lo hacemos habitualmente conversamos un rato. Fue extraño porque, cuando comenzamos el diálogo, el me contó algo acerca de unas historietas humorísticas que habían salido publicadas unos de estos días en el diario La Nación. Después que me relató esa historieta, cuando llegué a casa intenté rastrearla por internet pero no logré encontrarla. Quería ver si entendía a qué apuntó Atanasio cuando me lo contó. La historieta parece que, en síntesis, mostraba una escena de dos personajes en la cual uno le dice al otro que:

"Tenemos dos orejas para escuchar y una boca para callar. Tenemos dos brazos para abrazar (que es el impulso inicial, me explicó Atanasio) pero también tenemos un cerebro para razonar. El cerebro tiene que manejar a los brazos".

Fue extraño. No tengo ni idea de por qué me relató esa historieta que vio en el diario. Me pareció buena y realista pero no entendí por qué me lo contaba a mi.Hablamos de muchos temas más, por supuesto, mientras él saboreaba su jugo de naranjas y yo mi cerveza. Finalmente, comenzó a revolver en su bolsito buscando algo. Yo lo observaba y vi que le costó sacar el paquete del bolso, no porque le costara en sí un esfuerzo sino porque se notaba que daba vueltas y que no sabía si sacarlo o no. Indecisión, no saber qué hacer, temor, no se... Al final, se decidió y puso el paquete sobre la mesa diciéndome:




"Esto es para vos.... Es una pavada, no es nada... Son bombones pero quería regalarte algo por tu cumpleaños".

Lo dijo suavemente, un poco temeroso de que pudiera caerme mal o pensar mal. Me tomó muy de sorpresa. Me asombró muy gratamente porque no me lo esperaba ni de casualidad. Le propuse abrir la caja de bombones ahí en la mesa y comer juntos, convidarle. Me dijo que no, que son para mí, que igual él no puede comerlos. Me pidió que no abriera la caja ahí para que la gente del café no viera que él me estaba regalando algo. Le dije que, honestamente, me sorprendió y así fue. Que no tenía por qué regalarme nada, que su compañía allí de vez en cuando me hacía bien, máxime que yo no hablaba con cualquiera, sólo con él, que su conversación y compañía me eran más que suficientes, que yo no esperaba regalos. Me dijo que me lo regalaba porque quería darme algo en símbolo de su amistad. Le dije que era el primer regalo que recibía y no me creyó, me parece.




Ahora bien, mi pensamiento acerca de lo bueno y lo malo de cada uno de estos asombros: ¿en el caso de mi jefe, cómo se puede ser tan hiriente sin siquiera inmutarse? ¿en el caso de Atanasio, cómo se puede ser tan gentil de hacer un regalo (a mí que soy una desconocida casi para él) y todavía sentir pudor o temor a que yo pudiera tomarlo a mal? Definitivamente, la vida está del revés.

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7 Comentarios:

Blogger Luzbel Guerrero dijo...

Querida Rosa roja, admito que me muero de ganas de saber qué es lo que te dijo ese tipo, pero si no lo has mencionado ex profeso, es porque te incomodaría aún más saber que lo sabemos. Yo me ocuparé de él y sobre todo de su coche.
Con respecto a lo de Atanasio, te propongo que estrujes toda la información que sobre él tienes para hacerle un regalo también; nada material, sólo unas líneas salidas del alma para que el reciba y guarde para leer cuando no se sienta bien, o alguna nube oscura amenace su paz. Buenos días querida.

30 de julio de 2006, 07:14  
Blogger Eduardo Mangiarotti dijo...

Hay gente que entra en la vida de los demás como topadora: sin preguntar ni avisar. Y otros que lo hacen como una pluma, dando vueltas lentamente hasta posarse sin lastimar...

30 de julio de 2006, 16:53  
Blogger charruita dijo...

Creo que ni todas las respuesta que encontraramos, nos dejarian sastifecho sobre la actitud de tu jefe. Creo que con esas piedras que tiro se formaria una linda pared de contencion para no dejar pasar absolutamente nada de su mierda.

Y sobre Anastasio y el bar, la pucha! te leo y me dan ganas de estar en ese bar sentada en esa mesa conversandonos todo y tomandome mi grappa miel.
Me quedo con esa imagen que me remotan a mis viejas epocas...

Buena semana para vos.

30 de julio de 2006, 17:21  
Anonymous La Rosa Roja dijo...

A todos los que pasen por acá y dejen sus comentarios, sus palabras, sus ideas quiero agradecerles infinitamente ya que este post conlleva para mí una sensación especial. Pasé, desde el viernes, días difíciles, un fin de semana difícil pensando y pensando sin poder sacarme de la cabeza las palabras de este hombre. Así que todas las palabras son bienvenidas y ayudan. ¡¡¡GRACIAS!!!!

31 de julio de 2006, 02:52  
Anonymous La Rosa Roja dijo...

Amigo Luzbel Exactamente, no comenté en este post qué fue lo que él me dijo porque me moría de vergüenza ajena. Gracias a tus palabras y a las de otros más de aquí he juntado fuerzas para contarlo en el siguiente post. Todavía la vergüenza de lo que he contado no se me fue. Gracias por ocuparte de él, jeje. No hay nada mejor que tener un amigo Luzbel para estos casos endemoniados. Ahora, tengo yo una intriga que me carcome y espero que también me lo reveles: ¿Cómo es que sabías acerca de su auto??? ¡Luzbel tenías que ser! Te agradezco la intención de ayudar a vengarme (el lado oscuro del ser) pero en lo que hace a su coche ya se ocupó el cielo. ¿Habrá sido el cielo o fue Luzbel? ¿Quién me dice hasta fue obra tuya? Lo cierto es que el auto de mi jefe quedó bastante destruído el miércoles pasado cuando cayó el granizo tan fuerte que arrasó con todo lo que encontró por el camino en la ciudad. Mi jefe, justo ese día, no lo había guardado en el garaje y el auto quedó en la calle. El granizo se lo hizo polvo :-) Tiene tantas abolladuras que son incontables.
Con respecto a lo que me estás diciendo de Atanasio, juro que no se me había ocurrido tu idea y, sin embargo, está buenísima!!!! Claro que lo haré y así le queda algo mío tangible que pueda leer cuando se sienta triste o solo, que motivos no le faltan. En una de esas te pido ayuda en la escritura. ¿Qué mejor que un hombre para saber qué palabras decirle a otro hombre? Besos!!
Eduardo Un millón de gracias por tus palabras. Fuiste breve pero muy concreto y, al leerte, me volvió el alma al cuerpo. Como de costumbre, tus palabras son tan pero tan acertadas que me llenan de paz. Exactamente así es: mi jefe entró en mi vida como un topadora y logró aplastarme (al menos este fin de semana), Atanasio está ingresando en mi vida como una pluma con delicadeza y suavidad.
Charruita¡¡¡GRACIAS!!!! a vos una vez más por tus palabras. Me hizo muy bien leer tu comentario y te garantizo que si en algo pienso ahora mismo y toda esta tarde es:
Creo que con esas piedras que tiro se formaria una linda pared de contencion para no dejar pasar absolutamente nada de su mierda.
Sabés que creo que voy a seguir tu consejo y eso será exactamente lo que haga, levantar una pared para que toda su mierda no me lastime nunca más. Mañana voy a comenzar la semana encarándola de esa manera.
Con respecto al bar, cuando quieras y estés por acá, estás invitada a una grappa miel (que no se si acá existe pero la preparan) y charlamos. Sí, las conversaciones con Atanasio en ese café me hacen mucho bien. Besos!

31 de julio de 2006, 03:08  
Anonymous Marce dijo...

BUeno, tengo que contarte que quizas lo que comente no este muy a tono con el post. Resulta que entre a tu blog, y como lo primero que lei es que tenia que leer el anterior (o sea este post) para entender lo que alli habias escrito, me vine pa'ca. Pero como vi que era un poquito largo, y tendria que estar estudiando en estos momentos, em saltee la parte negativa y me puse a leer la parte positiva, en eso, me dieron muchas ganas de saber quien era Atanasio, asi que viajè por un par de post buscando datos que me digan algo de èl, y bueno, me encanto la historia, la relacion, no se, creo que tiene que ver con que siempre pense en ir a un cafe y ponerme a charlar con gente interesante...pero por mis pagos hay poco cafes, no se acostumbra...
BUeno, eso era todo lo que te queria contar... graicas por apsar por mi bitacora, y siempre sos bienvenida...
saludos

1 de agosto de 2006, 16:01  
Anonymous La Rosa Roja dijo...

Marce Nada que agradecerme. Acá también serás muy bienvenida siempre que lo desees. Seguiré visitándote y espero que vos también lo hagas así que nos estamos leyendo! Me parece muy bien que te hayas inclinado a leer la parte positiva :) Te agradezco un montonozo que hayas seguido la historia de mi reciente "amigo" Atanasio. Y me encantó tu comentario. En estos momentos o, en esta etapa de mi vida, aunque pueda sonar muy tonto, este señor Atanasio me está haciendo mucho bien sin siquiera saber que me lo hace, creo, o tal vez sí se da cuenta que me ayuda. Es una etapa un poco difícil para mí y te garantizo que poder distenderme cada tarde y conversar con él es siempre super agradable. No hay día que tengamos mal diálogo. Creo que a él también le hago. Me cuenta historias muy viejas, de 40 años atrás o también de las actuales, creo que se siente cómodo porque me parece que no tiene a quien contarle nada, además siempre intento arrancarle una sonrisa e incluso una risa y cada tarde lo logro. Sí, tenés mucha razón es una relación muy linda y libre de la carga que supone en general para la sociedad un diálogo entre un hombre y una mujer, sin que charlar implique nada más. Son conversaciones sanas y eso es positivo para ambos. Es verdad, yo también siempre esperaba que alguna vez se pudiera dar esto de encontrar a alguien interesante para conversar en un café. Eso se da muy rara vez, a mí nunca me había sucedido, porque son pocos los hombres que se acercan a conversar con una mujer sin ir más allá... Esto es distinto, sólo el placer de conversr por conversar y sentirse cómodos. Lamento que donde estás (no de donde) no haya tantos cafés o que no se haya dado de conversar con alguien interesante. Creo que las dos personas, si son sinceras y saben sacarle fruto al diálogo aprenden mucho de la vida mutuamente y comparten alegrías y tristezas. Saludos! y nos leemos.

4 de agosto de 2006, 00:32  

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