Parafraseando a Alejandra
Alejandra Pizarnik escribió en sus Diarios lo siguiente:
"Hoy, cuando el autobús en que viajaba se detuvo, vi por la puerta de la ventanilla un hombre joven que me miraba con lascivia e interés intelectual. Me angustió y lo miré colérica pero lo miré de nuevo y allí estaba mirándome. Cuando el autobús se puso en marcha asistí asombrada a la apertura de mi rostro que le sonreía hermosamente. Pero cuando no lo vi más se subió el llanto y me dije: "Otro paraíso perdido".
Y yo siento, en este instante, que podría parafrasearla, perfectamente, así:
"El viernes pasado, cuando el taxi al que me había subido estaba detenido todavía, vi por la ventanilla a A., un hombre mayor que me miraba dolido y con muchísima tristeza en sus ojos azules. Me angustió y lo miré con lástima infinita pero lo miré de nuevo y allí estaba mirándome al mismo tiempo que lo miraba yo. Cuando el taxi se puso en marcha, asistí asombrada a la apertura de mi rostro que le sonreía hermosamente. Pero cuando el taxi arrancó y no lo vi más me brotaron las lágrimas y me dije: "Otra buena persona que estoy perdiendo". Y mis lágrimas fluían.
"Hoy, cuando el autobús en que viajaba se detuvo, vi por la puerta de la ventanilla un hombre joven que me miraba con lascivia e interés intelectual. Me angustió y lo miré colérica pero lo miré de nuevo y allí estaba mirándome. Cuando el autobús se puso en marcha asistí asombrada a la apertura de mi rostro que le sonreía hermosamente. Pero cuando no lo vi más se subió el llanto y me dije: "Otro paraíso perdido".
Y yo siento, en este instante, que podría parafrasearla, perfectamente, así:
"El viernes pasado, cuando el taxi al que me había subido estaba detenido todavía, vi por la ventanilla a A., un hombre mayor que me miraba dolido y con muchísima tristeza en sus ojos azules. Me angustió y lo miré con lástima infinita pero lo miré de nuevo y allí estaba mirándome al mismo tiempo que lo miraba yo. Cuando el taxi se puso en marcha, asistí asombrada a la apertura de mi rostro que le sonreía hermosamente. Pero cuando el taxi arrancó y no lo vi más me brotaron las lágrimas y me dije: "Otra buena persona que estoy perdiendo". Y mis lágrimas fluían.
Etiquetas: Journal du foyer des yeux
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