sábado, marzo 17, 2007

En el nuevo café

Buscando otros rumbos para sentarme en mesitas sección "fumadores", estuve inspeccionando nuevos cafés. Encontré uno en el que, si bien está prohibido fumar adentro, sí se puede fumar en las mesas de afuera, mesitas con sombrillas en las que no discriminan a nadie por tener un cigarrillo encendido. Hasta el mozo sale a fumar.
Comencé a ir porque me gustó el ambiente. Me sentí cómoda. Como suelo ir siempre a la misma hora, la gente que está allí sentada alrededor, en general, es la misma. No hay demasiada variedad de rostros. Eso me hace sentir algo más segura ¿?.
No se cómo fue que un día comencé a conversar con un hombre. Un hombre mayor, algo desdentado, que siempre toma un vaso de fernet (puajj!) con Coca-Cola. Se sienta en una mesa frente a la mía. Solemos hablar de mesa a mesa, intercambiamos algunas palabras, no tantas, no tan pocas. Pero, también apareció una mujer que un día se sentó a mi mesa y, vaya a saber por qué extraña razón, después continuó sentándose. Ella va a almorzar, a cenar o a tomar café. Llega y si estoy se sienta conmigo. Me dijo que se llama
Leonor y que es mucama de hotel. No tengo idea si será verdad o no pero debe serlo porque la mayoría de la gente que pasa la saluda, la deben conocer de la zona. Hablamos de enfermedades, de operaciones, de días de descanso, de su hijo, de su nieto, su trabajo, el gimnasio, las comidas sanas, en fin... temas sin importancia.
El martes pasado estuve en ese café. Ella no estaba. Estuve hablando con el hombre "del fernet con cola" un rato largo y me fui. Después no volví más hasta ayer viernes porque estuve con un ataque de cervicalgia aguda que no me permitió ningún paseo. Gracias que no falté a trabajar y, después, del trabajo a casa y viceversa y en el tiempo libre a reposar los huesos.
Regresé ayer a la noche al café. El hombre, en cuanto me vio, se acercó a mi mesa preocupado para averiguar qué me había pasado todos esos días. Le expliqué, le conté lo de la cervicalgia, el dolor, el resposo. Me dijo que tanto él como la señora estaban muy preocupados por mi ausencia, que él le preguntó a ella, que ella le preguntó a él y que estaban ambos muy intranquilos porque no sabían nada de mí. Un rato más tarde llegó ella que fue a cenar. Obviamente y sin consultar, se sentó en mi mesa. Como dado por hecho. Se alegró de verme y me contó lo mismo que me contó él: que estaban los dos muy preocupados por los días que falté. Que se preguntaron mutuamente por mí porque: "Los que sabemos que estamos solos, es normal que nos preocupemos". - concluyó.

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15 Comentarios:

Blogger Vade retro dijo...

Me llama mucho la atención los vínculos que se pueden llegar a establecer en los establecimientos hosteleros (bares, cafés, etc). Hay acuerdos tácitos, códigos comunicacionales no verbales y hasta un cierto grado de dependencia emocional. Eso es bueno, al menos a mi modo de ver. Así, en esas ocasiones en que nos invade la nostalgia y la soledad contamos con los recursos necesarios para sobrellevarlas mejor.
Espero que estes mejor.

17 de marzo de 2007, 14:46  
Blogger Mónica Laoshi dijo...

es cierto lo que dice Vade....y ahora que estoy en este pueblito de Chia, lo siento mas aun, con nostalgia de cafes pero por esos rostros que me hacien red de compañia, cuando estudiaba chino e ingles en la Giralda, en el cafecito de Junin y Rivadavia, en Las Violetas....Ay, que como se siente todo aquello.
gracias por escribir y compartir.

17 de marzo de 2007, 19:12  
Blogger Charruita dijo...

rosa roja, una de las cosas que mas he extranado de Montevideo ha sido mi vida en los bares y cafes del sur. Aqui no da para eso...es otra historia.
Saludos.

18 de marzo de 2007, 00:53  
Anonymous La Rosa Roja dijo...

Vade Es cierto lo que estás diciendo. Aunque sólo vayas para despejar la cabeza después del trabajo y descansar un rato, una no se fija pero es increíble la atención que prestan los que están sentados a nuestro alrededor, la observación. Es así: como un acuerdo tácito, implícito. Besos!!

18 de marzo de 2007, 12:19  
Anonymous La Rosa Roja dijo...

Mónica Me trajiste nostalgia a mí de cuando frecuentaba aquellos mismos lugares, en diferentes épocas, diferentes situaciones: Las Violetas y el bar de Rivadavia y Junín. Hace tiempo que dejé de ir.... Besos!

18 de marzo de 2007, 12:26  
Anonymous La Rosa Roja dijo...

Mónica Me olvidaba pero me gustó como lo dijiste "me hacen red de compañia". Muy bueno.

18 de marzo de 2007, 12:27  
Anonymous La Rosa Roja dijo...

Charruita Ya se que allá es otra historia. No conozco pero por lo que todos cuentan no da. No creas que acá tampoco es demasiado frecuente tanta "camaradería". Hasta yo me sorprendí. Cariños.

18 de marzo de 2007, 12:29  
Blogger Marce ( Daria en su defecto) dijo...

Hola ROsa!
jajaja, me da gracia, parece de películas, esto de las relaciones en los bares...
Usted debe ser muy sociable...
besos!

18 de marzo de 2007, 20:26  
Anonymous La Rosa Roja dijo...

Marce No, no y no :-) Te garantizo que soy una persona retranquila. Sentadita en su mesa, quietita y calladita. Te lo juro! No me muevo, no hago nada. Ni siquiera pido fuego (que siempre fue la gran excusa) porque siempre, si algo me sobra, son encendedores :) Ni eso, mirá!!! ¡Andá a saber qué será lo que creen verrr! Y por qué tanta preocupación. No lo entiendo. Con la mujer, vaya y pase porque justito estábamos hablando de enfermedades y cirugías, puede ser.... pero el hombre! Son intrigas. Además, si me preguntan a mí por los demás no tengo idea, no reparo tanto. Pero, vaya una a saber qué es lo que ven aquellos que observan desde la otra mesa! Pero, soy retranquilita eh? Pido algo para tomar (café, cerveza, gaseosa), un cenicero a mano (imprescindible) y listo, no molesto a nadie ni hablo con nadie!!! La gente se me pega sola. ¡Ay Dios!:-O
Besos!

18 de marzo de 2007, 21:27  
Blogger fiorella dijo...

Hay instantes donde se crean vinculos, pequeños momentos que unen, y es curioso,como un gesto una cotidianeidad nos vuelve tan pares.no?.Un beso

19 de marzo de 2007, 17:37  
Blogger Blueyes dijo...

Gracias por tú visita. Tienes toda la razón, Valencia es preciosa.
1 Beso

19 de marzo de 2007, 17:53  
Blogger Silvina dijo...

Es increible, que misteriosa que suele ser en algunas ocasiones la vida, esa gente quisas vió en tus ojos mas allá, de lo que quizas ven personas que frecuentas a diario. Muy linda experiencia.
Es para reflexionar.
Un saludito.

20 de marzo de 2007, 14:42  
Anonymous La Rosa Roja dijo...

Fiorella En efecto, son pequeños instantes que unen, pequeños instantes sin mayor importancia, detalles sin trascendencia pero una se acuerda del otro - y viceversa (Benedetti dixit). Una se preocupa por el otro que se ausenta y viceversa. Besos!

21 de marzo de 2007, 22:22  
Anonymous La Rosa Roja dijo...

Blueyes Cuando estuve de visita en Valencia unos días y la recorrí, se me asemejó mucho a Buenos Aires, no se por qué. Tengo un amigo en tu ciudad que todos los años me trae algún recuerdo de allí. Es entrañable el sitio y muy parecido a nuestra ciudad porteña pero aún más bonita. Aprovecha a gozarla y recorrerla. Estás ahí. Besos!

21 de marzo de 2007, 22:25  
Anonymous La Rosa Roja dijo...

Silvina Bueno, de alguna extraña manera también estas personas - casi desconocidas - son gente que frecuento a diario y que me frecuentan a diario, aunque nunca reparemos en ese pequeño detalle, pero sí estamos allí cada tarde, aunque no -precisamente- por el hecho de encontrarnos. Lo cierto es que al notar la ausencia del otro, una se preocupa y viceversa. Besos!

21 de marzo de 2007, 22:28  

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