domingo, abril 15, 2007

Historia de un taxista (en 4 minutos)

El jueves a la mañana salí tarde de casa. Seis minutos antes del horario en el que tenía que estar en la oficina.
Mi otro yo me decía: ¡No podés llegar tardeeeee!
¿Qué hago? Paro un taxi en la esquina de la avenida y listo - le dije yo, mientras caminábamos (mi otro yo y yo) rumbo a la avenida. Pero, al llegar a la bendita esquina, ví que una pareja estaba esperando lo mismo que yo: un bendito taxi.
Aparece uno. La pareja - tal como lo imaginé - se avalanza sobre el auto. Pero, antes de abrir la puerta para subir, se arrepienten y retroceden.
Miro el auto. Precioso, brillante, impecable. Parecía una 4 x 4 de grande. Miro al chófer. Raro, rarísimo. ¡Con razón no se subieron estos!, pienso. Miro a la pareja. Ellos me miran. Parecían decirme con los ojos: ¡Cuidado: no subas! Vuelvo a mirar al chófer: muy extraño. Ganas de subir no daba su presencia. Altísimo y larguirucho, aspecto hippie, agachado con su cabellera casi toda volcada sobre el volante, su cabello negro y ondeado largo hasta la cintura. Con anteojitos, estilo John Lennon, leía el diario como si aquellas letras impresas fueran todo lo que le importaba en este mundo. No era un simple taxista a la pesca de un pasajero. Ni me vio ni vio a la pareja. Miré las agujas del reloj. El tiempo no perdona. Pensé que llegaría tarde si no lo tomaba así que presté atención al número de la patente que llevaba grabada en el vidrio de atrás. Subí. En silencio, seguí repitiendo el número varias veces hasta memorizarlo. Si me pasa algo - pensé - si me mata, si me asalta, si... me voy a acordar del número de patente. Arrancamos. Ví que el hombre estaba fumando. Pero, hasta su manera de fumar y de sostener el cigarrillo entre los dedos era diferente. Le voy a hablar de algo, pensé, para ver si está dormido o despierto porque, con tanto pelo, apenas si se le veían los ojos. Le pregunté por el tiempo, si iba a llover o no. Me contestó que no sabía porque venía, desde el centro, entretenido conversando con unos pasajeros sobre temas muy profundos y que no escuchó nada de radio. Me alegré. Por lo menos, estaba despierto. Pero noté que su acento no era argentino. Seguimos viaje. Intercambiamos un par de palabras más y, todos sus movimientos seguían siendo poco convencionales. No era un taxista del montón. Además, manejaba con toda la parsimonia del mundo, como si los minutos no corrieran en las agujas del reloj inexistente en su muñeca. Y yo ¡super apuradísima! que a ese paso ¡no llegaba! En determinado momento, a cuatro cuadras de donde yo iba, detuvo el auto en seco y a mí casi me paralizó el corazón. Sólo atiné a decirle: Pero, mire que yo sigo ¿eh?.
Sí, sí, pero nos vamos a parar un momento porque tengo la puerta de atrás mal cerrada y la voy a cerrar bien.
Me avisó "no se quién"
-respondió. No entendí porque hablaba bajito y pausado. Era el monumento a la serenidad. ¡Y mis nervios a flor de piel! Acomodó su puerta sin prisas, la volvió a cerrar, volvió a subir al auto y arrancó.

Me atreví. No me podía quedar con la intriga. Junté valor y:

Yo (tratando de que mi voz sonara despreocupada): ¿De dónde sos? Porque argentino no sos. Lo digo por el acento... ¿Sos portugués?

El: ¿Eh? ¿Portugués yo? No.

Yo (sintiéndome una idiota): Ah... por la tonada se me ocurrió Portugal. ¿Sos brasilero?

El: No.

Yo: Bueno... no tiene importancia.

Silencio interminable.

El: Naci en Egipto. Pero, todavía no conozco.

Yo: ¿En Egiptoooo?

El: Sí. Cerca del Nilo.

Yo: ¿Y no lo conocés?

El: Todavía. Pienso ir a vivir allá uno de estos días.

Yo: ¿Cómo uno de estos días?

El: Sí. Cuando me parezca bien, saco pasaje y me voy.

Yo: Te entiendo; yo no conozco. Jamás estuve pero los que conocen dice que Egipto es una belleza. Me imagino que sí. Si un día tuviera mucho dinero, es un país que encantaría conocer. Debe tener una historia impresionante. El Nilo, las pirámides... sí, me gustaría verlas.



Detuvo el auto porque llegamos a destino. Apagó el reloj del taxi y le pagué, mientras abrí la puerta para bajar y seguimos hablando.

El: Es cierto. Yo viví la mayor parte del tiempo en Israel. Después otro tiempo en Nueva York. Estuve en algunos otros países por temporadas. Ahora estoy aquí.

Yo: Y si viviste en Israel tanto tiempo y en Estados Unidos. ¿Qué hacés viviendo acá?

El: Me intención es recorrer el mundo. Conocer todos los países que pueda.No tengo compromisos con nadie en ningún país. No tengo apuros. Eso me permite ser libre. Estoy un tiempo hasta que me dan ganas de conocer un lugar nuevo.

Yo: ¡Qué lindo! Y hacés diferentes trabajos, vas cambiando de tareas, no te aburrís con la rutina...

El: ¡Ah, sí! Soy libre. Además, ¿sabes? yo pienso que el día que muera no voy a llevar nada conmigo. Sólo me iré con lo que conocí, con lo que viví. Por eso quise recorrer el mundo. No conozco Egipto. Por eso me voy a ir a vivir allá, para conocer el lugar dónde nací.

Me dio las monedas del vuelto. Sacó de la guantera una tarjeta de estas de los radiotaxis y me la entregó.

El: Toma. Puedes llamar a la flota cuando necesites un viaje. Si le dices que te la dio el egipcio ya se van a dar cuenta porque soy el único.

Yo: Bueno ¡gracias y suerte!

El: Te llamas Rosa Roja ¿no?

Yo: ¿Quéeeeeee? (Me quedé helada porque acertó mi nombre) ¿Y eso cómo lo sabéeees? No tengo ningún cartel.

El: Pero te llamas así.

Yo: Sí... sí... Estoy asombrada.

El: ¡Ah! Haces bien en llevar el anillo de Atlante en tu dedo índice. Te va a ayudar con tus problemas intestinales y de columna.



Llevo un anillo de Atlante en el dedo índice de mi mano derecha. Pero el anillo no dice mi nombre ni ningún otro nombre, no tiene ninguna inscripción ni relata mis dolencias.

Yo: Gracias.

El: Si alguna vez llamas a la flota, quizás tienes más tiempo y podamos conversar con mayor profundidad.

Yo: Sí, quien sabe, las vueltas de la vida, nos volvemos a encontrar. ¡Adiós!

El: Que el día de hoy te llene de luz.

Me bajé. Llegué a la oficina un minuto tarde pero valió la pena.

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11 Comentarios:

Blogger serdemar dijo...

Hola guapa, no veas, me he quedado helada con tu relato, y bravo por ti, porque no le juzgaste por las apariencias, que persona más interesante ¿no?
Un besote muy gordo

16 de abril de 2007, 06:34  
Blogger gonzalo dijo...

un ángel te recogió en buenos aires.

17 de abril de 2007, 11:01  
Anonymous La Rosa Roja dijo...

Serdemar Sí, te aseguro que en apenas cinco minutos viví una experiencia que valió la pena, al menos para mí. Fue interesante. Aquí no se encuentra con frecuencia esta clase de personas que se notan que viven más de su paz interior que de cualquier problema externo. Me transmitió serenidad y algo de su sabiduría, aunque el tiempo fue muy breve. Sí, suerte no haberlo juzgado por su apariencia. En general, me animo porque a mí el trato con las personas me gusta, aunque sean desconocidos y no vuelva a verlos nunca más. Nadie es quién para juzgar apariencias sin conocer primero.
Un abrazo grande!

17 de abril de 2007, 21:06  
Anonymous La Rosa Roja dijo...

Gonzalo No lo había pensado con tus palabras pero tienes mucha razón: un ángel me rozó levemente y siguió su camino. Eso no está mal!
Gracias por tu comentario y lectura!!!

17 de abril de 2007, 21:07  
Blogger Sereno dijo...

Qué puedo decir además de :Oo
Son esas "cosas" inexplicables que existen; que a ratos parecen la explicación de toda tu existencia... pero que aún así no entiendes... esas "cosas" a veces no vienen con subtítulos... :O)
De alguna forma, tu relato del largo paseo por la vida en 4 minutos me recordó al Alquimista de Cohelo, la mezcla del Brasilero/Portugués que resultó ser Egipcio... :O)
La Vida... es increíble...
Abrazo Gigante Rose!

18 de abril de 2007, 01:23  
Blogger peyote dijo...

NO!
Que locura!
Denzo!

primero muchas grcias por la vista, y me alegra que los arrebatos gustaran -regresando al taxi.

No!
Nunca mas subo a un taxi, tuve que dejhar de leer, un rato. Que viaje, eso es un escrito en transito.

Saludos estimada rosa.

18 de abril de 2007, 21:02  
Anonymous La Rosa Roja dijo...

Sereno Sí, afortunadamente, son esas cosas inexplicables que de vez en cuando toca que se crucen en nuestro camino para mostrarnos una luz, para hacernos comprender algo del significado de nuestra existencia. ¡Y que suerte que existen!
Toda la colección de libros de Coelho tiene una magia especial. Todos son hermosos (aunque se que están aquellos a quienes le gustan y aquellos a los que no).
Abrazo inmenso, Sereno, y que la serenidad te acompañe.

22 de abril de 2007, 03:21  
Anonymous La Rosa Roja dijo...

Peyote Gracias por estar y por tu comentario.
En cuanto a mi anécdota de taxi, ojalá puedas subirte con alguien así. No lo puedo explicar con palabras. Sólo puedo decirte que son experiencias únicas. Un abrazo!

22 de abril de 2007, 03:23  
Blogger LauraBaires dijo...

Sigo desconcertada... Cómo sabía tu nombre??????

Me encantan los encuentros humanos... Te encontrás con cada cosa!

22 de abril de 2007, 17:29  
Anonymous La Rosa Roja dijo...

Lauri No te inquietes. Las desconcertadas ya somos dos. Tampoco yo se cómo "adivinó" mi nombre. Misterios inexplicables. Pero que me llenó de paz no lo dudes.

23 de abril de 2007, 00:54  
Blogger Mayanimacaná dijo...

Rosita, qué lindos son esos momentos! A mí también me llenan de paz. Un día que fui al cine sola, caminando por una vereda, me tropecé con algo. Era un anillo atlante. Yo no los conocía pero desde ese día, ya hace 10 años, no me lo saqué. Todavía sigo tratando de entender poqué me lo encontré...

29 de abril de 2007, 13:55  

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