sábado, agosto 19, 2006

Presiones: dije basta


Pilas y pilas de trabajo para hacer. Sentí que no podía, que no podía, que no podía más. No se puede madrugar, trabajar 9 horas dentro de una oficina, llegar a casa y volver a comenzar casi sin tiempo para respirar. Sentarme en casa con ¿las neuronas despiertas? A redactar montones de notas. A traducir al inglés y al francés. Por otra parte, la traducción del libro del Diego y mi amigo S. que me apura porque lo quiere tener listo en un mes. Como si todo esto fuera poco, una de mis compañeras renunció a su trabajo en la semana. Mi jefe me pidió que la reemplazara, es decir que haga su trabajo y el mío, que redacte el doble, que edite el doble y todo ya porque la urgencia es grande. Todo esto lo conversé con él el día 15 y quiere que le tenga todo terminado para el día 25 o antes. Es imposible hacer en diez días lo que, de forma normal, llevaría un mes. Encima el miércoles, el muy imbécil (ese es mi jefe) me viene a decir:

“Tenés que ponerte media pila más”.

¿De qué media pila más me habla? A mi ya se me descargaron todas las baterías. Sentí que estaba al cabo de mis fuerzas, que ya no podía más.
Al salir de trabajar, como todos los días, fui al bar del gallego. Agotada por completo. No físicamente sino mentalmente. Mi cerebro trabajando a mil y pensando en todo lo que tenía quehacer y yo allí sentada sin saber de qué modo escabullirme del mundo. Y sentada en aquella mesa, tomé una caña Legui hasta que llegó Atanasio. Mientras conversé con él, me mantuve serena y sólo tomé un café con leche con soda. Me sirvió de algo hablar con él porque tocamos temas que no tienen que ver con lo laboral. No le cuento mis problemas de trabajo, no creo que corresponda, aunque –a grandes rasgos – los conoce. Que tengo mucho trabajo y que no se cómo haré para llegar a hacer todo. Eso lo sabe. El no quería dejarme sola en el café. No se si tuvo temor a que volviera a pedir otra copa. Tenía que irse; le pedí que lo hiciera. Me quedé allí y pedí otra copa de Legui. Sabía que iba a beber una copa, dos y tres para olvidar todo lo que mi cerebro iba procesando. Fue como ese grito famoso: ¡Paren el mundo que me quiero bajar!
El mozo, H., no quería servirme otra copa. Me dijo:

¡Usted está mal de la cabeza!

Y pensé que tenía mucha razón. Mi cabeza ya no daba más, mi cerebro ya no daba más. Salí de allí y me fui a otro bar, a una cuadra, justo en la esquina de la casa de A. Entré allí y pedí más Legui. No recuerdo cuántas copas tomé. No tengo idea, ni noción, ni nada. Perdí la cuenta. Sólo se que - en un momento dado, después de haber intercambiado un par de palabras con un hombre que entró a pedir – se me cayó un diente y, ahí sí, sentí que todo parecía estar en mi contra aquella noche de miércoles. Sentí que necesitaba ayuda. ¿A quien llamar? Sin siquiera dudarlo, llamé a A. A los dos minutos, entró en el bar y se sentó conmigo a hacerme compañía. O a soportarme, mejor dicho. Lo que recuerdo es que sentía mucha vergüenza de que él estuviera sentado ahí mirándome y yo sin el diente. Pero el diente pasó a ser lo de menos porque la extenuación lo vencía todo. El no se movió de mi lado.
El jueves a la mañana, cuando desperté y me miré al espejo, me di cuenta de que no podía ir a trabajar. En primer lugar por el diente faltante, en segundo lugar porque mi cuerpo y mi mente ya no daban para más. Se que eran los días en que más presente debería haber estado en la oficina cumpliendo con tantas obligaciones que allí me esperan. Pero no pude. Me pasé la mañana tomando mate, tranquilamente, con yuyos de peperina que tanto me gusta. Sin apuros, sin presiones. Recordé la frase de Napoleón:
“Vísteme despacio que estoy apurado.”
y me relajé. Me fui a dormir hasta despertarme sola, sin relojes ni despertadores, ni horarios de almuerzo. Cuando me sentí mejor, fui al odontólogo para ver qué posibilidad había de solucionar el problema dentario lo antes posible. Esto me pasó por dejarme estar, por no faltar, por no llegar tarde, por no salir antes de la oficina. Si lo hubiera hecho ver en tiempo y forma quizás no hubiera sido necesario llegar a tanto.
Me desconecté del mundo y de los deberes. Tenía un millón de cosas para hacer y no hice ninguna. Sólo ir al dentista y llamarlo a A. –bien temprano a la mañana – para agradecerle todo lo que hizo por mi la noche anterior. Ese hombre se merece una medalla por aguantar a alguien como yo. Para colmo, él no tiene idea de lo que me pasa por dentro o me deja de pasar. El dolor es sólo mío. Mío y de nadie más. Me dijo que me llamaría a la noche para ver cómo seguía y cumplió. Le avisé que no iría a trabajar ni jueves ni viernes y, por supuesto, mucho menos al bar. Cuando me llamó a la noche, me contó que el mozo H. le preguntó por mí y le dijo que no me había visto en todo el día. A. fue prudente y no dijo nada, sólo que suponía que tal vez estaba enferma. Tanto no mintió: enferma sí que estaba. No podía sentirme peor.
Otros dos días conmigo. Otros dos días encerrada en casa sin salir (excepto al dentista). De todos modos, ir a trabajar no podía hasta que no tuviera solucionado el problema odontológico y eso es algo que en la oficina no voy a decir, mucho menos a mostrar ni dejarme ver. Otros dos días para pensar, para poner la mente en blanco, para alejarme del mundanal ruido, de las exigencias y demandas de todo el mundo. Dos días de aislamiento. El viernes sí trabajé algo desde casa, no mucho pero algo sí. Para avanzar. Avanzar es una palabra extraña. No creo haber avanzado nada porque estoy en el mismo lugar. Sí, bastante mejor, física y psíquicamente, pero nada más. El descanso viene bien.
Intenté buscar el lado positivo de las cosas. Considero que todo, por malo que sea, tiene un aspecto contrario de positivismo. Algo así como lo que dice el I Ching, los opuestos: el ying y el yang. En fin, divagues de madrugada que le pisa los tacos al sábado. Dentro de lo positivo, encontré que el viernes 18 fue el cumpleaños de mi mamá y pude estar a su lado más tiempo del que hubiera estado si hubiera ido a trabajar, que pude compartir más con ella. Lo otro positivo fue que pude solucionar el problema odontológico sin necesidad de tener que correr porque el tiempo no alcanza.
Como el lunes es feriado y no se trabaja, en total me tomé cinco días para mí, unas mini vacaciones de introspección que me di la licencia de tomarme. Contra quien sea, contra quien no le guste, contra lo que debería haber hecho y no hice.
También recibí hoy algunos sms de G. Me preguntaba cómo estaba, que me extraña, que espera que no haya “perdido la memoria”, sinónimo de que no me haya olvidado de ella. Claro, porque G. me espera. Un fin de semana largo se supone que debería ir a verla para estar juntas. Por supuesto, eso estaba bien lejos de mis planes. Hasta sentí que sus sms me molestaban. Le respondí que estaba bien pero ocupada trabajando y que más hacia la noche le enviaba algún sms. G. a veces no se da cuenta pero es demandante. En este momento, no puedo darme el lujo de que nadie me demande nada. Así es que no la llamé a la noche tampoco. Imagino que también Carmen estaría esperando verme en este fin de semana largo. No estoy demasiado segura. Tal vez no, tal vez ella está ya en otra dimensión, tal vez conoció a alguien nuevo. No lo se. La última vez que estuve con ella fue para el 31 de Diciembre así es que hace tiempo y mucho. En una de esas conoció otra persona, en una de esas ya ni se acuerda de mí. Pero, conociéndola tanto como la conozco, lo veo demasiado poco probable. Al menos, para la Semana Santa cuando le hablé por teléfono y pasé por su casa para tirarle una notita porque ella estaba de vacaciones en Mar del Plata, sí me di cuenta de que aún me esperaba. Ahora ya no tengo idea. Es seguidora como perro de sulki. Siempre me espera. Aunque yo prefiera no verla. Es que van a hacer casi siete años que la conozco, que me conoce. Siete años en octubre. Son una cantidad interesante de años para que no los haya olvidado. Aunque si los olvidó, sería lo mejor que puede llegar a pasarle a ella, a su salud mental, a su vida propia. No tiene vida propia pero sí que debería tenerla.
Pero, el viernes a la mañana, al chequear el correo electrónico, el primer mensaje que descubrí provenía de B., un señor amigo y muy querido por mí, que vive en Israel con toda su familia, esposa, hijos, nietos, bisnietos, en fin… familia para regalar. Jamás olvidaré sus ojos tiernos y nuestros paseos por Buenos Aires caminando tranquilamente. Jamás olvidaré su mirada, jamás olvidaré los cuadros bellísimos que pinta su esposa. Jamás olvidaré su rostro en aquel café mientras me enseñaba algunas palabras de hebreo. Jamás olvidaré aquellas palabras suyas de silencio, aquellas palabras no dichas que dicen más que todo cuanto se puede hablar sin parar. Jamás olvidaré aquel silencio que era como si me dijese en palabras: “Si no fuera tan fiel, si no amara tanto a mi esposa y a mi familia, si ella no existiera, si ella no estuviera enferma….”. No lo dijo jamás. Sus ojos lo decían por él. Mejor. Lo pensó. Le dolió. Sufrió pero regresó a Israel cuando su paseo en Argentina terminó. Cuando necesité ayuda me la brindó, cuando cumplieron cincuenta años de casados me hizo llegar fotografías con dos de sus hijas que vinieron de paseo a Buenos Aires. Quiso que tuviera aquella foto de sus bodas de oro. Un recuerdo del inmenso afecto que nos profesamos mutuamente.
Sin embargo esta mañana al abrir el correo, leí un mensaje suyo - escrito a las 4:30 de la madrugada - que decía:

N., mi amiga y compañera, mi amor y vida desde el 10 de octubre 1950 me dejó esta madrugada 18 de agosto...
¿Qué haré? No habrá consuelo,

saludos B.

Las lágrimas me brotaron solas sin querer. Corroboré que, absolutamente, todo en este mundo, en esta vida es irrelevante. La vida es efímera. Corroboré que lo único que cuenta es que el espíritu se encuentre en armonía. Que el alma encuentre su lugar de reposo. Todo lo demás puede esperar.

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16 Comentarios:

Blogger Vade retro dijo...

Visité tu bitácora una y mil veces en espera de tus escritos, desconocía la frecuencia con la que dejabas tus huellas por aquí. Mis dotes de no-bruja me hicieron llegar a dos conclusiones: o está descansando o lo está pasando mal...creo que fueron ambas.
Primero que nada decirte que me alegra poder leerte de nuevo, al menos te desahogas, eso siempre nos viene bien.
A veces caemos en un ritmo de vida tan vertiginoso que no nos damos cuenta hasta el punto en que estamos siendo devorados por esa vorágine sin sentido.
¿Por qué que sentido tiene si en el fondo es un sin vivir?
Te dejo aquí un abrazo inmenso en la distancia que confío te conforte aunque sea un poco, con eso me doy por satisfecha.

19 de agosto de 2006, 07:20  
Anonymous La Rosa Roja dijo...

Un millón de gracias, Vade por cada palabra tuya que, por supuesto, que confortan. Ya lo creo.
No tengo un día exacto para dejar mis huellas por aca pero, por lo general, lo hago muy seguido y suelo escribir mucho :D Tu intuición no falló: estaba descansando de tanto agotamiento. Sintiéndome culpable por estar descansando cuando debería estar trabajando sin parar. Pero, como dices, es un sin vivir que no tiene sentido porque no conduce a nada más que al stress.
Un abrazo muy fuerte de este lado del océano.

19 de agosto de 2006, 11:14  
Blogger la otra frontera dijo...

Es lo mejor que pudiste hacer,a veces hay que parar y aprovechar de cada momento su novedad unica, y como decia Cronin "La preocupación no elimina las penas del mañana;solo mina la fuerza del presente.Animo.

19 de agosto de 2006, 14:59  
Anonymous La Rosa Roja dijo...

La Otra Frontera Es cierto que la preocupación no conduce a nada. Dicen que hay que ocuparse y no preocuparse. El problema es que yo me evadí, no me ocupé. Siento culpa, en cierta forma, pero era imprescindible. Ya no daba más, no podía seguir.
Muchos besos.

19 de agosto de 2006, 15:58  
Blogger charruita dijo...

He leído tu post luego de la medianoche, lo he leído luego de tomar una decisión...perder de ganar los dólares de un día e irme a dormir al aire libre en alguna playa rumbo a San Francisco.
Y sip, pensé "mejor menos dinero pero no me perderé la oportunidad de ver el cielo lejos de las luces durante una madrugada en California". Cuando me vaya me llevaré los dólares o el recuerdo de las estrellas?

Yo no puedo darme el lujo de faltar cinco días a mi empleo, tampoco me lo aguantaría la cabeza. Aquí uno es un robot en el sentido más exacto de la palabra. Pero un día no me hará menos rica. Hay personas que tienen dos trabajos y no paran de hacer dinero. Quizá estén en lo cierto, ellas lleguen a millonaria y yo moriré siendo NN en alguna morgue de algún país donde nadie reclame mi cuerpo.
Pero como sea, estoy en paz con mis decisiones de vida.

Rosa Roja, felicitaciones por haberte tomado el tiempo de estar contigo misma.

20 de agosto de 2006, 04:53  
Blogger Luzbel Guerrero dijo...

Ha sido una sabia decisión. Plantarse a veces, decir "no", "hasta aquí", no sólo dignifica, sino que nos permite también poner distancia para obrar con una justicia no exenta de sano egoísmo; enhorabuena por la muestra de carácter oculta en la huída, somos nuestros únicos y verdaderos valedores.
Llorar también es bueno; que aunque no se puedan ver las jodidas estrellas, lava los lamparones del alma y es el guiño adecuado para despedir a los que quisimos. Bienvenida a las emociones y a decir: "aquí, también estoy yo."

21 de agosto de 2006, 08:05  
Anonymous Marce dijo...

Mi semana tambien fue de corridas...y siempre es mejor parar un poco, porque sino corremos el riesgos de que nos paren de un solo golpe...Cuando el cuerpo dice basta es mas complicado, no se lo pede hacer cambair de opinion, asi que es bueno darle un respiro de vez en cuando.
Espeor que hayas pasado un lindo fin de semana.
BEsos


PD: bajito bajito, como en secreto: creo que la MArce de la derecha soy yo, pero la dire esta mal, es de bitacoras no de blogspot.;)

21 de agosto de 2006, 18:11  
Anonymous marta drooker dijo...

Karl Jaspers hablaba del ser humano y las situaciones límites, esas que nos dan vuelta como media y nos replanteamos la vida entera... y luego, pasado el huracán, volvemos al mismo sin sentido....en fin, no habría que esperar a estar hemipléjico para valorar una caminata.
Rosa Roja, estamos todos por el mismo sueño. Ojalá podamos romper la inercia. Un abrazo, como siempre, a tu honestidad.

22 de agosto de 2006, 15:47  
Blogger MARIA DEL NORTE dijo...

Buenísima la imágen que elegiste para el titulo: Presiones.
Que manera descriptiva y emocional de trasmitir esas experiencias de todos los días .... trabajo, muuuuuuuuuuucho trabajo, abusos y pretensiones del "jefecito", las neuronas que dicen basta, el sabor dulce amargo de la evasión en la cañita, el imprevisto del diente, la compañia del corazón amigo en el bar, el remordimiento de lo que "podrías haber" hecho, los días de semidecanso, el recuerdo del amigo lejano que retorna en forma escrita con una noticia de la ley de la vida ...
Y si, al fin, lo que verdaderamente importa es lo que transmitís como corolario, la paz con uno mismo. La conexión espiritual. El difícil equilibrio que todos buscamos ...

22 de agosto de 2006, 18:12  
Blogger Gertrudis dijo...

Para ti, Rosa

Alone Looking at the Mountain

by Li Po

All the birds have flown up and gone;
A lonely cloud floats leisurely by.
We never tire of looking at each other -
Only the mountain and I.

23 de agosto de 2006, 00:14  
Blogger MARIA DEL NORTE dijo...

Por tu tranquilidad y la de G que gasta energías con tantos mensajitos, estaría bueno que cargaras esa "media pila" :) como dice el inombrable, y, le trasmitas que estas saliendo con alguien, que a la distancia todo se complica, o no se algo asi.
O mandale el link a tu blog, asi se da por aludida :)
Besos

23 de agosto de 2006, 01:14  
Anonymous tito.. dijo...

¿Te interesa tomarte Un martini en el Ritz ?

24 de agosto de 2006, 02:30  
Anonymous La Rosa Roja dijo...

Charruita Después de la experiencia por la que he atravesado estos días sólo me queda por decirte que no te arrepientas en lo más mínimo por haber perdido de ganar unos dólares más o menos. El hecho de poder salir un día a despejarse, mirar el cielo, el verde, la naturaleza y andar por la vida libres de ataduras es algo que no hay fajo de dólares que te lo pague.
Muchos besos.

26 de agosto de 2006, 13:58  
Anonymous La Rosa Roja dijo...

Luzbel Mil gracias!! Plantarse y decir no. No se si fue sabia la decisión pero era el único camino que podía tomar. Tanto trabajo me estaba devorando. Es cierto, huir no siempre es de cobardes.
Un gran beso.

26 de agosto de 2006, 14:00  
Anonymous La Rosa Roja dijo...

Marce Es verdad y el cuerpo nos da señales que debemos escuchar porque no podemos cambiarlas. El cuerpo y la mente son sabios y ellos nos hablan desde el silencio pero se hacen oir. Sí, la Marce de la derecha sos vos. Mil disculpas que ya te corrijo el link. Besos.

Marta Debo admitir que me pasó algo de lo que estás diciendo aquí en estos días. También me replantée un montón de cosas. No se si servirán para algo o si todo continuará como estaba pero a veces viene bien. Besos!

María Elegí ese título porque así es como me sentí: sumamente presionada :( Lo de poder lograr una buena conexión espiritual me interesa. Ojalá algún día lo logre. Besos.
P.D.: Con respecto a G., agradezco lo que me decís que no está nada mal porque -en verdad - es algo que más tarde o más temprano voy a tener quehacer. En este momnento, no puedo con todo pero cuando disponga de tiempo para dedicarle hablaré con ella para que no se siga ilusionando. De todos modos, tendré que hacerlo con mucha delicadeza. Es una mujer que lleva muchos años de sufrimiento y yo no quiero hacerle daño de ninguna manera. Esa es la razón por la cual no se cómo decírselo :(

26 de agosto de 2006, 14:09  
Anonymous La Rosa Roja dijo...

Gertrudis Gracias por el poema dedicado y también por tu preocupación que, sinceramente, aprecié. "Solo las montañas y yo". Ay.... eso sí que sería un sueño.
Un beso!

Tito Claro que me interesa el Martini en el Ritz. Ya mismo te pongo el link para no perderme ningún trago. ¡Bienvenido!

26 de agosto de 2006, 14:20  

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